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Bosque de la Sede Amazonia declarado patrimonio ambiental de la UNAL

Con el fin de apoyar la conservación de esta área, que representa uno de los últimos parches verdes con los que cuenta la zona urbana del municipio de Leticia, la rectora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), profesora Dolly Montoya Castaño, declaró el campus de esta Sede como patrimonio ambiental dentro de la circunscripción de la Institución.

El bosque secundario de la UNAL Sede Amazonía, está en la tercera fase de recuperación hacia un bosque maduro.

En 1989, cuando entró en funcionamiento la Sede como “Estación Científica de Leticia de la Universidad Nacional de Colombia”, el bosque de 15 ha solo era un pastizal dedicado a la ganadería. Treinta años después, gracias a la protección de la comunidad universitaria, el bosque pantanoso pasó de un 21 a un 37 % de cobertura, mientras el bosque secundario –más joven y que se encuentra en la tercera fase de recuperación hacia un bosque maduro– aumentó del 0,5 al 41,8 %.

Esto se pudo determinar por medio de imágenes satelitales de la zona, y es uno de los resultados del estudio realizado por profesores de la UNAL Sede Amazonia que dio origen a la declaración como patrimonio ambiental de todo el campus, en respaldo a la protección de la evidente riqueza natural que alberga este espacio y que es amenazada por el crecimiento urbano.

“Este proceso se desató porque en 2017 la Aeronáutica Civil solicitó que se talaran 4 ha de bosque del sendero ecológico. Al reconocer este tipo de amenaza, una de las primeras tareas que asumió la Dirección de la Sede fue realizar un estudio del impacto de la infraestructura física del campus sobre el bosque, y particularmente sobre el sendero”, explicó el profesor John Charles Donato, director de la UNAL Sede Amazonia.

La comunidad universitaria convive a diario con este inventario de la biodiversidad, pues con la presencia y el desarrollo exuberante de la cobertura forestal también ha crecido considerablemente la fauna asociada con todos los grupos de organismos posibles, en especial de insectos (como mariposas, con más de 160 especies), reptiles (30 especies) aves (207 especies) y mamíferos (cerca de 30 especies). Esta riqueza faunística y florística está registrada como una de las colecciones biológicas con las que cuenta la UNAL.

“Lo que hoy hace la Universidad en todo el país es un reconocimiento a ese trabajo adelantado desde la Sede Amazonia para también conservarlo, dentro de la misión de la Institución de aportar a la protección del medioambiente, y es un trabajo que no se puede dilapidar”, aseguró el doctor Luis Eduardo Gutiérrez Díaz, asesor jurídico de la Rectoría de la UNAL.

La decisión de la Institución, en cabeza de la rectora Dolly Montoya Castaño, se puede tomar dentro de los límites del campus, debido a su carácter de persona jurídica autónoma, “con gobierno, patrimonio y rentas propias y con capacidad para organizarse, gobernarse, designar sus propias autoridades y para dictar normas y reglamentos”, según lo contenido en el artículo 3 del Decreto 1210 de 1993.

“Cuando esta zona sea declarada como patrimonio ambiental dentro de nuestro ámbito institucional, esperamos que más adelante se pueda solicitar a las autoridades del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) que se declare como área protegida nacional”, comenta el doctor Gutiérrez, y añade que con la declaratoria hecha por la UNAL también se consigue proteger estos terrenos para evitar intervenciones de terceros que los puedan afectar.

Colección Viva 

“Ya tenemos la declaratoria y ahora nos queda la dura tarea de adelantar los trámites ante el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt para que el campus de la Sede Amazonia se inscriba en el Registro Nacional de Colecciones Biológicas, porque es una Colección Viva”, detalló el profesor Donato.

Esta es una de las dos tareas que se le delegan a la Dirección de la Sede Amazonia con la resolución de la Rectoría. La segunda es tramitar ante el MADS la declaración de la Sede como área protegida incluida en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap).

“Contamos con el respaldo institucional y ese es un gran avance y un mecanismo de defensa ante las arremetidas de los grandes proyectos de infraestructura urbanos, además de un reconocimiento al trabajo que ha realizado la Universidad en sus treinta años por conservar ese espacio, que pasó de ser un potrero a ser un bosque maduro”, concluye el profesor Donato.

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