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Ciencia para ganar la contrarreloj al cáncer

El cáncer de pulmón es el tercero en incidencia pero el primero en mortalidad.



La razón, que el tumor evoluciona sin emitir señales de alerta hasta fases avanzadas, de modo que mayoritariamente la enfermedad se detecta en estadíos en los que la cirugía ya no es una posibilidad para el paciente.

El tiempo es por tanto uno de los mayores hándicaps para el manejo de los tratamientos y la obtención de nuevo conocimiento que permita anticipar las probabilidades de éxito de cada una de las terapias posibles en cada tumor concreto es un terreno decisivo. En definitiva, explica Mónica Martínez-Fernández, doctora del CIMUS de la USC con un contrato de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), se trata de evitar al paciente tratamientos con pocas opciones de éxito, que retrasan la aplicación de otras terapias con posibilidades y aportan efectos secundarios sin beneficio a cambio.

En esa carrera, una alianza con germen en Vigo, bautizada como Proyecto Octopus (Oncoloxía Customizada para Tratar os Pulmóns) y formada por el grupo de Oncología Molecular Translacional que Martínez-Fernández lidera en el CIMUS, el grupo de Oncología Translacional de Martín Lázaro y Gerardo Huidobro en el Hospital Álvaro Cunqueiro y el grupo de Filogenómica de David Posada en la Universidade de Vigo (UVigo), se han propuesto descifrar, a través de la secuenciación masiva, las características genéticas que están detrás del éxito o el fracaso de dos vías de tratamiento empleadas en cáncer de pulmón avanzado: inmunoterapia y TKI. El análisis de cientos de genes de pacientes en tratamiento se combina con la monitorización estrecha de los cambios en el tumor, posible a través de la biopsia líquida, que permite supervisar su evolución de forma no invasiva (en una muestra de sangre) a través del ADN que vierte al torrente sanguíneo.

En el caso de la inmunoterapia, expone Martínez-Fernández, se consiguen resultados satisfactorios, incluso a largo plazo, pero únicamente en una porción de pacientes que oscila entre el 20 y el 40% y sin que hasta la fecha se conozca qué falla para el 80-60% restante. Del estudio combinado del genoma de los pacientes en tratamiento y de su nivel respuesta a terapia se espera obtener información valiosa que permita determinar en pacientes futuros si sus características genéticas les hacen candidatos a esta terapia o aconsejan saltar sin demora a otra vía de tratamiento.

Con los TKI, añade, ocurre algo similar: aunque es un tratamiento efectivo en pacientes con una mutación en el gen EGFR, en un porcentaje de casos el tumor deja de responder y el progreso clínico se interrumpe. El estudio pretende servirse del seguimiento estrecho a través de la biopsia líquida y de la secuenciación masiva para entender qué otras características genéticas están detrás de esas resistencias para poder así anticipar cuándo el tumor va a dejar de responder y reconducir de modo ágil el tratamiento sin «tener que esperar a ver en el TAC que el tumor está creciendo de nuevo y expandiéndose».

Carrera solidaria

Octopus, apunta Mónica Martínez-Fernández, apenas ha empezado a dar sus primeros pasos (si bien cuenta ya con medio centenar de pacientes reclutados), pero se apoya, afirma, en una «motivación grande» de las partes para que esta colaboración multidisciplinar conduzca a resultados preliminares que permitan orquestar un proyecto con financiación propia. Hasta la fecha, al margen de los recursos aportados desde las tres instituciones participantes, tienen detrás el motor de la asociación Vigo Contra el Cáncer, que destinará el 90% de su recaudación a la financiación del proyecto. El próximo 20 de octubre, dentro del programa Run Run Vigo, tendrá lugar la VII carrera solidaria promovida por la asociación, el evento que aporta el grueso de los recursos captados.

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