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Un modelo para predecir incendios da buenos resultados en Medellín

Datos como la cobertura del suelo, la humedad, la lluvia y la temperatura alimentan un sistema de monitoreo que predice los lugares más susceptibles a incendios y envía alertas a los bomberos.

La gran mayoría de los incendios que se presentaron en Colombia, ocurrieron durante la temporada seca. / Foto de archivo
Los recientes incendios masivos en el Amazonas, donde el año pasado se quemaron cerca de 900.000 hectáreas, y en Australia, donde más de 10 millones de hectáreas han sido devastadas por las llamas, han dejado al descubierto la necesidad de implementar y crear nuevas estrategias para lidiar con esta creciente amenaza climática global. Esto sin dejar por fuera una nueva temporada seca que ya tiene a Colombia con una gran parte de su territorio bajo riesgo de incendios.

En Medellín, un grupo de científicos tienen algo que decir al respecto. Hace tres años, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA), entidad que reúne a diez municipios que rodean a la capital antioqueña, los consultó sobre la posibilidad de crear una herramienta para predecir las zonas de mayor riesgo de incendios. Con casi 4 millones de habitantes, un número limitado de equipos de bomberos y entre 500 y 700 incendios cada año, el control de este problema se había convertido en un dolor de cabeza para las autoridades.

Desde Siata, un proyecto de ciencia y tecnología enfocado en análisis de riesgos asociados con amenazas naturales y financiado por AMVA, el municipio de Medellín, EPM e Isagén, los científicos le dijeron que sí al reto. La conferencia de la American Geophysical Union que se llevó a cabo en San Francisco (Estados Unidos) el pasado diciembre fue el escenario perfecto para presentar algunos de los avances y logros del grupo.

La gran mayoría de los incendios que se presentan en el Valle de Aburrá, como en el resto de Colombia, ocurren durante la temporada seca, que atraviesa el país en este momento y que por lo general comienza en diciembre y se extiende hasta febrero. Durante esta temporada, Medellín y sus municipios aledaños pueden pasar hasta 20 días sin lluvia.

Nicolás Velásquez, uno de los miembros del equipo, quien ahora realiza un posdoctorado en la Universidad de Iowa (EE. UU.), cuenta que el trabajo y la experiencia que venían acumulando desde que se creó Siata en 2011 les permitió afrontar el desafío. También los datos cada vez más robustos que tenían sobre las variables meteorológicas del área.

Siata se ha ido convirtiendo en una especie de sistema nervioso del Valle de Aburrá. Ha construido, por ejemplo, una red de monitoreo del aire en la que participaron ciudadanos que aceptaron instalar cerca de sus casas o lugares de trabajo más de 100 sensores de bajo costo. Otro grupo de trabajo les sigue la pista a las lluvias gracias otra red de monitoreo que capta datos en tiempo real desde 84 estaciones. También han instalado en lugares estratégicos de los municipios antioqueños sensores de campo eléctrico, sensores multiparamétricos, sensores para monitorear el río Medellín y sus afluentes, acelerómetros para la actividad sísmica, cámaras que monitorean la evolución de nubes de baja y media altura, cámaras térmicas para captar las fuentes de calor en las laderas y sensores láser para la calidad del aire.

Por si fuera poco, al sistema nervioso han sumado un pirómetro, instrumento utilizado para medir la cantidad de radiación solar total que llega a la superficie, y un radiómetro que mide variables como la temperatura, la humedad y la cantidad de agua en la atmósfera.

Combinando variables dinámicas, como temperatura, lluvia y humedad del suelo, con otras variables estáticas, como interacción humana y uso del suelo, lograron construir un modelo que genera informes cada hora. Se trata de un mapa de vulnerabilidad con una escala espacial de 60 metros en el que se clasifica cada zona bajo las categorías de riesgo alto, medio, bajo y nulo. Este informe se comparte mediante canales internos con los bomberos de la región.

Los resultados ya les han enseñado que las zonas de mayor riesgo se encuentran en un radio de 2.000 metros de las zonas urbanas. Una señal de que muchos de estos incendios son detonados por personas de la región. Néstor Rojas, investigador de la Universidad Nacional y experto en calidad del aire, comentó que:
“tener capacidad de predicción de la probabilidad de generación de incendios les permite a las autoridades tomar acciones preventivas y evitar que los incendios que alcancen a generarse se propaguen. Esto podrá, por supuesto, reducir significativamente los impactos”.




Otro aspecto que Rojas destaca del modelo de Siata es la interacción entre el monitoreo de la calidad del aire y los incendios. “La información de monitoreo de calidad del aire y de variables meteorológicas permite generar alertas a la población y recomendaciones sobre cómo reducir su exposición a la contaminación generada por el incendio. El Siata ha sido pionero en Colombia y debería ser tomado como ejemplo en todo el país”.
Santiago Ortega, profesor e investigador en la Universidad EIA de Medellín, considera que lo realmente valioso de la iniciativa es que “Siata está en comunicación permanente con el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres, entonces sus alertas no quedan como un artículo de un científico, sino que efectivamente pueden articularse con los cuerpos de bomberos y las autoridades para tener una respuesta”.

Ortega cree que Siata ya ha demostrado su utilidad para zonas urbanas o periurbanas, pero “para evitar que pasen cosas como lo de Australia o la Amazonia habría que aumentar muchísimo la escala de esto, mejorar la ciencia y las capacidades de respuesta en otras zonas rurales. Y eso es bastante costoso”.

Fuente: El Espectador

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